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La Educación como factor de liberación ...
En la larga construcción histórica del Derecho a la Educación, se produce un pasaje del monopolio de la Iglesia -como institución de adoctrinamiento de fieles y súbditos- a la concepción de las nuevas ideas provenientes de la burguesía ascendente, que la consideraba como un derecho individual y factor de liberación de las sociedades en formación. En este sentido, la adquisición de cada derecho corresponde a la cesación de una traba autoritaria o impedimento anterior: la enseñanza o el derecho a enseñar y la Educación o el derecho a aprender comportan un acto de liberación mediante el cual quedan suprimidas las trabas que hasta entonces habían anulado su libre ejercicio. Recuperando los escritos de algunos autores clásicos, Locke –filósofo británico- en 1693 admite que jamás intentó educar a nadie que no fuera un gentleman. En Francia afirmaban que a cada clase social le correspondía un tipo diferente de enseñanza. Estas ideas -representativas de su época- encierran una tradición individualista, desconocedora de los aportes y beneficios de la Educación pública. Con el correr del tiempo, en la Asamblea Legislativa de 1792 en Francia se expone que la desigualdad en la instrucción es una de las principales causas de la tiranía. Fue Sarmiento quien en 1849 en Educación Popular sostuvo: “...la Educación pública ha quedado constituida como un derecho de los gobernados, obligación del Gobierno y necesidad absoluta de la sociedad, remediando directamente la autoridad a la negligencia de los padres, forzándolos a educar a sus hijos, o proveyendo de medios, a los que, sin negarse voluntariamente a ello se encuentran en imposibilidad de educar a sus hijos ...”. La legislación que organiza la Educación Primaria en nuestro país surge como respuesta a necesidades políticas, ideológicas y económicas de los grupos liberales en su disputa con la Iglesia. La ley de Educación común propugnaba su carácter obligatorio, laico y gratuito. La escuela era concebida como ideológicamente neutra, comprometida sólo con el conocimiento y considerada como palanca de progreso para los individuos y la Nación. Construir esta Nación conllevaba la idea de argentinizar al país, a los inmigrantes y de educar al soberano, es decir al ciudadano. La enseñanza de la lectura, la escritura y los rudimentos del cálculo eran los instrumentos necesarios para esos tiempos. Por esta época, la Educación pasa a formar parte del aspecto social de la ciudadanía: es entendida como un derecho social del ciudadano, que debería tener carácter universal, es decir, ser un derecho que abarque a todos sin excepciones, cosa que no siempre fue lograda. En nuestro país, el sistema educativo se expandió de manera significativa: se amplió la franja de sectores que pudieron acceder, transitar y egresar del sistema de manera exitosa, aunque siempre coexistieron sectores excluidos (escuelas rurales, de adultos, de Educación Especial, de Comunidades Aborígenes) que recibían “raciones” educativas pequeñas y de baja calidad. Avanzando en el tiempo, con la clausura de los derechos políticos en los diferentes gobiernos dictatoriales del siglo XX, el proceso mencionado se detuvo y el sistema experimentó una merma en su calidad. La Educación formadora de individuos pensantes que ejercen sus derechos civiles no cabía en el modelo autoritario que los diferentes procesos de facto imponían. Bajo la rigidez de las formas, se ocultó la importancia de los contenidos académicos que posibilitaban una mayor conciencia de clase y un mayor acceso al mundo del conocimiento en general. A partir de la recuperación democrática, se reestableció la vigencia de las normas constitucionales, se reincorporaron docentes cesanteados o alumnos expulsados, se amplió la participación, se reactualizaron los contenidos y metodologías empleadas y resurgió la importancia de la Educación adjudicándole un nuevo lugar a la Formación y Conciencia Cívica. La reacción neoconservadora de fines de los 80´ retrotrajo la situación limitando el ejercicio de la ciudadanía a los procedimientos electorales. Desmanteló los servicios públicos, -incluida la Educación- redujo las partidas presupuestarias y descentralizó el sistema, delegando la responsabilidad del Estado a las provincias con el objetivo central de achicar el gasto público destinado al sector, posicionándolo en los mínimos históricos.
... en nuestros días:
Actualmente la incidencia de la debacle económica desplazó la tarea educativa de la Escuela hacia una función de tipo asistencialista. Cuestiones vinculadas a la salud, alimentación, violencia social, desempleo, no dejan lugar al cumplimiento de los objetivos específicamente pedagógicos. La Escuela se convierte en uno de los últimos espacios de contención social donde concurren las familias en búsqueda de alimento, más que de Educación. Ante la disminución de los recursos financieros destinados al sector educativo, para no dejar de cumplir con los acreedores externos, ¿a costa de qué o quiénes siguió funcionando el sistema? La respuesta indica que se hizo a costa del deterioro de la infraestructura, del equipamiento didáctico y de la depreciación del salario docente. Fácil es imaginar las condiciones en que se desenvuelven las tareas cotidianas cuando hace varias décadas que se destina cada vez menos dinero a gastos de capital. Los tiempos en que vivimos nos conducen a un reto de los más firmes valores, los ideales de libertad y democracia están amenazados. Las fuerzas del espíritu están jaqueadas por un materialismo salvaje ajeno a las raíces constitutivas de los pueblos. Es preciso entonces, demostrar que la Educación en manos de una democracia sólida, puede satisfacer los anhelos de superación que alientan vigorosamente a los pueblos. Una proyecto educativo que otorgue oportunidades a todos -porque todos tienen derecho a ello-, debería facilitar la búsqueda del bienestar común, la construcción de un mundo nuevo de mutuo entendimiento y de paz para todos donde se respete la personalidad histórica de los pueblos como se respeta la conciencia de los individuos.
... en la agenda política de las sociedades en desarrollo:
La Educación, concebida como una inversión y no como un gasto, debería mantener fuertes vínculos con las estructuras económicas y sociales contando con partidas presupuestarias que favorezcan: -el ascenso y movilidad social -la capacitación laboral permanente -el sostén económico para el progreso técnico y científico -la actualización y el perfeccionamiento de los docentes -el apoyo a la Investigación y a la Educación Superior -la formación de conciencia crítica y el ejercicio de los derechos cívicos -el acceso a la Educación a Distancia para quienes por cuestiones laborales o geográficas no pueden concurrir a establecimientos educativos convencionales -la generación de políticas y recursos que faciliten la integración de las minorías marginadas
Los valores de la nueva sociedad:
En momentos en que los discursos escépticos parecen ganar día a día más espacio y las promesas electoralistas están vacías de contenido, es necesario recuperar el papel que la Educación puede desempeñar en la construcción de un futuro diferente. El capital que representan las nuevas generaciones es un capital intelectual y moral que es necesario defender con métodos más racionales y más activos. Es de todos sabido que el porvenir de las naciones, el futuro de la humanidad, están en la escuela y por ello, la preocupación por los problemas educacionales debe trascender a toda la comunidad hoy, mañana y siempre.
J.·. E:·. W.·. M.·. M.·.
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