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junio de 2007 Música
En esta plancha quisiera meditar alrededor de distintos elementos del arte de la música. Nótese que la música es una expresión universal del Espíritu humano, presente en todas las culturas desde la aparición del hombre sobre la Tierra en las más diversas esferas (religiosa, militar, cívica, cultural, educativa, de esparcimiento, etc.) como factor dirigido a transmitir o provocar impresiones anímicas, siendo temas de leyendas, como en el caso de Orfeo, que calmaba las bestias con su lira, o el de Anfión, hijo de Zeus, que con su música movió las piedras para la construcción de las murallas de Tebas, indicando de esa forma la capacidad de la música de influir y regular las pulsiones y elementos de la psiquis. Asimismo, ha sido estudiada y cultivada, por lo menos desde Pitágoras en Grecia y Confucio en China, no sólo como elemento forjador y expresivo del carácter (y por lo tanto un elemento esencial de una educación clásica completa), sino también, como descubrió el filósofo helénico, por la existencia de relaciones matemáticamente constantes entre las distintas notas, por lo que la música pasó a ser, en el mundo griego, un símbolo del orden, la belleza y la armonía del cosmos por lo que a mi entender puede usarse como metáfora de las armonías de nuestro ser interno y del mundo social en el que nos movemos. En ese orden, en este trabajo trataré cinco elementos de la música: el ritmo, la escala, la melodía, la armonía y el contrapunto, dejando afuera la notación y la instrumentación, quizás para otra oportunidad. El ritmo es la agrupación de sonidos en tiempos regulares, en realidad, debemos esperar hasta el siglo XVI para encontrar en Occidente registros de un ordenamiento sistemático de la música en ritmos regulares ya que la música medieval seguía el ritmo de los acentos en prosa, mientras que en el Alto Renacimiento la música era de flujo continuo y los tiempos se marcaban como meras guías. El ritmo nos habla de la organización en el tiempo, concepto que también se refleja en la regla del Ap.·., que nos recuerda la necesidad de organizar nuestras vidas para una armónica distribución de nuestras actividades entre las obligaciones, el esparcimiento para el recreo y el crecimiento personal, y el descanso para recuperar las fuerzas y no malgastarlas, lo que nos plantea el interrogante de qué también distribuimos nuestras actividades en la vida, y nos indica que debemos vigilar de no estar sacrificando indebidamente algún aspecto de nuestra existencia por otros que si bien merecen también atención y satisfacción, pueden estar ocupando un lugar desmedido que pueda terminar destruyendo otras dimensiones de nuestra vida quitándole riqueza, sentido y profundidad. Los ritmos más normales son los compases de dos y de tres tiempos, con sus combinaciones y multiplicaciones. El ritmo binario recuerda a los pares complementarios reflejados en las columnas de la entrada y en las baldosas del pavimento, enseñándonos la idea de complementariedad de los distintos aspectos de nuestra vida, en la que lo que parece opuesto o aparte, en realidad es una expresión diferente de la infinita variedad y posibilidades de nuestras vidas (trabajo y descanso, obligación y gusto, etc.) y, en lo social, nos advierte que el otro como distinto, como no-yo, no me es ajeno, sino que las diferencias no anulan la unidad final del grupo, la enriquecen, haciéndola capaz enriquecernos en nuestros puntos de vista y en las respuestas a los desafíos de los tiempos, llamándonos entonces no a separarnos por las diferencias, sino a caminar juntos y explotar esa variedad, reconociendo en el otro a un h.·.que me enriquece y me desafía a conocerme y conocerlo más para ahondar en la verdad. El ritmo ternario, por su parte, remite a la idea de superación de las aparentes oposiciones y contradicciones internas (tesis-antitesis-síntesis), apuntando a la idea de progreso, lo que nos plantea si nuestras existencias tienden a ese mayor desarrollo y crecimiento de la chispa divina creadora del hombre o, si por descuido o desidia hemos caído en un eterno presente en el que las posibilidades siguen dormidas o frustradas en su despliegue, en lugar de haberles dado la oportunidad de crecer y llegar a una mayor plenitud de nuestro ser y, en lo comunitario, nos interroga hasta qué punto, con nuestras actitudes, contribuimos al progreso de la sociedad humana hacia su mayor felicidad o, por el contrario, estorbamos el crecimiento de los otros y el mejoramiento del grupo con nuestras pequeñeces, prejuicios o sectarismos. El tres es también el número de la edad de todo Mas.·. como Ap.·. eterno, indicando que estamos en esta vida para crecer, desarrollarnos como individuos y contribuir al progreso de la humanidad. Finalmente, uno de los elementos del ritmo es el acento, una mayor sonoridad que marca el ritmo del compás, una nota que se destaca de las otras y sirve para guiar el tiempo de ejecución de la obra. En este punto, es normal que, a lo largo de la vida de las personas y las sociedades surjan prioridades que direcciones nuestras vidas personales o una época específica en un sentido concreto subordinando o relegando otros en orden a su realización. Aquí entonces, se plantea cuáles son nuestras prioridades, si algo que realmente tiene la importancia que le damos o si estoy gastando mi vida por algo que no valga tanto la pena en sí o ya haya dejado de valerla y que me lleve a descuidar lo verdaderamente esencial, y en qué medida muchas veces la sociedad equivoca su orden de valores, dándole importancia a lo contingente y superficial en vez de lo necesario y profundo, y cómo puedo, guiado por el amor al semejante y en mis posibilidades concretas, ayudar a una mejor concientización y transmisión de valores sólidos para que los hh.·.no sean víctimas del error y el engaño y canalicen sus vidas a lo que realmente los realice en su humanidad. La escala es la disposición gradual y ordenada de las notas usadas en una composición. Hay sistemas de dos o tres notas (p.ej. Ceilán, Siberia Oriental, indios californianos) en adelante, aunque lo más extendido es la escala de cinco notas (p.ej. la música del Lejano Oriente y del folclore europeo), si bien en varias grandes tradiciones musicales del mundo (ej: India, Persia, Occidente, Japón y Java) suelen emplearse escalas heptatónicas (siete notas, p. ej. la escala cromática de Do a Si que usamos). Esta escala actual (las teclas blancas del teclado) es la vieja escala lidia de los griegos, que prevaleció en Occidente por su aparente mayor adaptabilidad armónica, y a la que se le agregaron otras cinco notas intermedias (los bemoles o sostenidos, las negras del piano), tres entre Do y Fa y dos entre Sol y Si, que ya se empleaban en otras escalas helénicas, y que hasta Debussy en el siglo XIX y Bartok en el XX eran vistas en general como simples semitonos, no notas en sí sino puros ornamentos secundarios para decorar la composición o facilitar el pasaje entre las notas principales. Si observamos la escala cromática, que nos parece tan proporcionada, natural y perfecta por acostumbramiento cultural, vemos que en realidad tiene desarmonías entre sus tonos, ya que no son tan proporcionales entre sí sino que en realidad entre Fa y Sol y entre Si y Do no hay un tono entero de distancia como en las otras notas sino un semitono (Fa es el Sol bemol, Sol es el Fa sostenido, Si es el Do bemol y Do es el Si sostenido), lo que rompe la idea de que sea una escala tan proporcional y perfectas como uno estaba acostumbrado. En el caso de Debussy, éste intentó solucionar el problema empleando una escala pentatónica perfecta con sólo notas a una distancia exacta de dos semitonos (Do-Re-Mi-Fa-Sol sostenido-La sostenido), mientras que Bartok decidió transformar todos los tonos y semitonos clásicos en una escala dodecafónica (doce sonidos) con la misma distancia de un semitono entre sí en la que todas esas notas eran consideradas de igual relevancia. Así, la relegación clásica de los semitonos nos cuestiona a nivel personal si estamos también como nos consideramos o si podemos estar ignorando, relegando o desaprovechando aspectos o capacidades personales que necesiten ser redimidos; y la señalada desarmonía real de los tonos de la escala cromática cuestiona si realmente guardamos una debida relación justa entre las distintas facetas de nuestras vidas como puede parecer o si no es tiempo de un cambio para lograr una más perfecta y justa correspondencia entre ellas, para lo cual todo masón como perpetuo Ap.·.necesita, aplicar el compás del espíritu para verificar si entre las mismas existe la debida distancia comparándola con la rectitud de la escuadra y, detectada alguna irregularidad, labrar las imperfecciones de la piedra bruta de su ser con el mazo de la voluntad y el cincel de la inteligencia esclarecida para tender al estado de piedra cúbica de perfección, útil para sí y para los demás. En el plano social, dichas relegaciones de semitonos y desarmonías entre los tonos de la escala cromática pueden expresar las situaciones de postergación de personas y grupos, inequidad en el goce de los derechos o en el cumplimiento de los deberes, y privilegio y explotación en el tejido social que atenten tanto contra la igualdad esencial de todos los hh.·.que nos enseña el nivel y su correspondiente derecho a una igualdad de oportunidades, lo que nos cuestiona hasta que punto terminamos siendo funcionales a la continuación de esas situaciones o por el contrario, por amor a nuestros HH.·.los hh.·.podemos hacer algo en nuestro campo de posibilidades para colaborar hacia una más plena justicia entre los hh.·.. La melodía es la combinación uno después del otro de sonidos y silencios de una composición dentro de un ritmo concreto que le dan una unidad, coherencia y sentido propios que la distinguen de otras obras, es el tema de la composición. La melodía se compone de unidades mínimas llamadas motivos, que suelen ser como mínimo de dos o tres notas, cuya repetición hacen reconocible la obra y la caracterizan. En general las piezas musicales tienden a ser el desarrollo de uno o pocos motivos simples repetidos y alternados en diferentes alturas y/o intervalos, pero con suficiente reiteración como para indicar que hay una unidad temática sonora en la obra. Así, la melodía habla a nivel moral de la persistencia, de la capacidad de mantener a lo largo del tiempo una coherencia de vida. En nuestra iniciación se nos dice que lo que se nos exige es tanto una sinceridad (entonar la verdadera unidad melódica o ser esencial de cada uno, sin disfraces ni autoengaños) como una persistencia a toda prueba, o sea, la capacidad de ser constantes, sin que los vaivenes que podamos sufrir nos hagan retroceder del objetivo que hayamos visto como bueno, bello, justo y verdadero. Pero también una buena melodía exige cierta variación de altura o intervalo en el desarrollo de sus motivos básicos para no volverse monótona, lo que nos plantea que, para desarrollar nuestro ser en toda su riqueza, debemos ser capaces de explorar y explotar las distintas posibilidades expresivas de nuestro ser a lo largo del tiempo y según nos exijan las circunstancias. Una vida sin coherencia en el tiempo es una vida inestable, fugaz e inconstante que nunca realiza nada duradero, pero si a su vez no se anima a enriquecerse con nuevas formas de expresar sus potencias y valores interiores, tampoco los mismos lograrán ninguna riqueza ni profundidad de desarrollo. Lo mismo pasa en cualquier nación o agrupación de hombres, sólo manteniendo la coherencia de sus ideales con un proyecto de realización permanente y sostenido pueden lograr una proyección estable al futuro, y a la vez, sólo si esas convicciones primarias logran adaptarse a los cambios de tiempo y situación, y están dotadas de una riqueza y una flexibilidad expresiva profunda podrán evitar verse superados por las circunstancias y terminar de otro modo como fósiles vivientes desubicados de la realidad que los circunda. La armonía es la combinación simultánea de sonidos en un acorde que suena al mismo tiempo. Ya desde antiguo se vió que habían notas que tocadas simultáneamente daban una sensación agradable de reposo y correspondencia (cualquier nota con su octava, quinta y/o cuarta), lo que fue la base del canto y la música polifónicos desde la Edad Media a la hora de ensamblar distintos sonidos simultáneos para que sonasen armoniosamente, a lo que en el s.XV los ingleses introdujeron los intervalos de tercera y sexta como también armónicos, creando un sistema de correspondencias que culminó en los ss. XVII y XVIII con la música tonal de clave en un estilo modulaciones sistematizado en 1722 por Jean Philippe Rameau en base al juego de acordes armónicos de tres notas que marcaban el tono de cada segmento de la obra, sucedidos por otros tricordios armónicos con el anterior, dando una impresión de balance y claridad, que recién fue descartado a partir del romanticismo del s. XIX en la búsqueda de acordes que, al contrario, sonasen disarmónicos para dar sensaciones de tensión que permitiesen expresar pasiones, y raptos emocionales mal vistos anteriormente. Así, en lo personal cabe preguntarse si, en nuestra vida, existe una armonía o correspondencia entre nuestro obrar (plano horizontal de la vida) y nuestros valores (plano vertical) que formen la escuadra de la rectitud en nuestra existencia y si, en la vida social, somos honestos y rectos ante los otros o nos conducimos con hipocresía, cálculo y engaño como seres indignos de toda confianza e incapaces de colaborar fraternamente y con verdad. El contrapunto, a diferencia de la mera polifonía, es la combinación simultánea de partes musicales, cada una independiente, pero son una armonía entre sí que produce un resultado final coherente, tiene dos elementos, uno horizontal que es el desarrollo libre de cada línea melódica en sí misma, y uno vertical que es la existencia de correspondencias armónicas entre las partes, para que suenen como una sola obra final pero sin violar la individualidad de cada línea. Así entonces, el contrapunto nos interroga sobre la libertad, personalmente, ¿vivimos nuestra vida como un desafío personal a ser nosotros mismos en la plenitud de nuestra individualidad, o estamos sometidos a las exigencias de otros que nos impiden crecer según nuestro propio ser mas allá de la armonía fraterna que debe tenerse en el trato con el otro? y, racionalmente, ¿respetamos la libertad de los otros para que cada uno pueda crecer según su propio destino, o anulamos al otro como tal caníbalizándolo en el altar de nuestros egoísmos y nuestra ceguera respeto de las necesidades del otro como si fuera un instrumento desprovisto de toda dignidad, a nuestro servicio o de nuestros prejuicios? En suma, la música nos habla de la necesidad, para crecer como hh.·.libres, de bucear en las profundidades del alma en busca de la verdadera riqueza de nuestro ser, aprender a valorarla en su magnífico esplendor y posibilidad y, con sabiduría y esfuerzo, a buscar su mejor expansión mas allá de fracasos y preconceptos previos sobre nosotros mismos y el prójimo, a través de un desarrollo armónico, integral, ordenado, medido, y adecuado a las necesidades de cada circunstancia que toque; siendo constantes en un trabajo permanente de vigilancia y esfuerzo en el que siempre habrá algo que mejorar o corregir en nuestros afectos, trabajo, preparación personal, educación, etc., fieles tanto a la realidad en la que vivimos, como a la esperanza de vida a la que estamos llamados tanto cada uno como los demás, que como hh.·.no están destinados a una menor felicidad ni realización en la medida de sus capacidades, lo que nos urge tanto a tener objetivo claros, nobles y serios, como también a ver la forma de llegar a todos los hh.·.para poder despertarlo a una vida más alta y pensar la forma en que podemos actuar en nuestros campos para liberar a los demás también de cualquier opresión material, espiritual o intelectual que impida que todos, en igualdad de posibilidades, podamos libremente desarrollar en plenitud nuestra melodía personal en una sinfonía fraterna final de mutua solidaridad y amor en la que nadie esté excluido, sino que todos colaboremos en la mutua edificación, ya que desentendernos del otro sólo significa que estamos en desarmonía con él, y por ende todavía arrastrando el egoísmo que impide liberarnos del prejuicio y la soledad interior y entrar por fin en la alegría de la comunión y del dar sabiéndose por fin en paz con uno mismo y con los demás. Ojalá que este trabajo sirva para que estos planteos nos lleven a estar atentos para nunca dejar de interrogarnos y esforzarnos a fin de que nuestras vidas construyan un verdadero templo de la Verdad y la Virtud consagrado a la G:.del G:. A:. D:. U:. y felicidad de los hh:. E.·.G.·.C.·.
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