Buenos Aires, 30 de Agosto del 2005 e:. v:.

 

EL HOMBRE Y EL UNIVERSO”

      

TEMARIO :        I.     Introducción

                II.     Desarrollo:     

              III.          Conclusiones.

 

BIBLIOGRAFIA :

·         PLATÓN. Obras completas. Universidad Central de Venezuela. Trad. G. Bacca. Caracas 1980.

  • Sinesio,  Urrestarazu y Falces. Introducción a la Filosofía Masónica. Edciciones de la Gran Logia de Chile. 1983.

·         Sánchez Sarmiento, Fernando. "Historia de las Matemáticas. 1982". 

 

INTRODUCCIÓN

El hombre, desde que adquiere pleno uso de razón, se da cuenta de su existencia, de que existe el Universo, de que existe el ser, y lógicamente uno llega a preguntarse.. ¿Por qué existe todo cuánto existe? ¿Por qué existe algo en vez de nada? ¿Por qué lo que existe es como existe y no de otra manera? Todas preguntas que nos lanzan a los abismos de nuestra racionalidad. En la presente Plancha, quiero compartir una primera aproximación en esta difícil, profunda e interesante relación que ha ido tejiendo el Hombre con el Universo, con lo interno y lo externo, con la materia y la energía, con las dualidades y las certezas científicas, con la Fe, la ciencia y sus difíciles vínculos dualísticos. Una primera aproximación que nos despierta y nos deja el sabor de una reflexión profunda, existencial y que a la vez nos arroja sobre nuevos campos de flores y aromas desconocidos e infinitos.

DESARROLLO

Desde el inicio, el hombre intentó proponer sus términos sobre el Universo que recibe a este ser inquieto y curioso que intenta aún encontrar su lugar en él y proyectarse, entendiendo el por qué de su posición y su destino. Sin ir más lejos, la recta fue el intento humano de poner su propio sello en un Universo de formas, trayectorias y relaciones curvas. En cierta manera, la línea recta vendría ha ser una acción a “contrapelo” del determinismo natural. Puede que, sin embargo, sus ojos le hayan aportado la idea de la recta, cuando contempló la línea del horizonte, o cuando observó la trayectoria aparente de una estrella fugaz. Pero, entonces no podía saber aún, que no había línea recta en las formas visibles del Universo, ni siquiera cuando un cuerpo recorre raudamente las inmensidades del espacio, donde su trayectoria se curva por efecto de la gravedad de los cuerpos más grandes. Ni siquiera la luz, lo más veloz que existe en el Universo, se salva de esa regla.

Sin embargo, en su intento por moldear nuevas formas, en su enorme capacidad de abstracción, idealizó las formas curvas que tenía ante sus ojos, y buscó el trazo que mejor las representara, creando el círculo. Es así como el círculo, desde las más remotas culturas del hombre, siempre ha representado la idea del Universo, de lo que está contenido o auto-contenido. Cuando el hombre antiguo quiso representar el cosmos, trazó un círculo con un compás, siguiendo su perfecta curva de 360°. Todo lo que viniera de la naturaleza, de la creación divina, del universo, ha quedado, desde entonces, representado de esa manera. Por lo mismo, a través de los tiempos, muchas ceremonias iniciáticas se desarrollan dentro de un círculo, y en el alquimismo, era uno de los cuatro signos fundamentales, que estaba relacionado con la unidad.

Como  ejemplo de esta relación de formas y Universo, el conocido triángulo “3-4-5”, de cuya suma de los lados resulta 12, se asocia antiguamente a la significación esotérico-numeral que propone el llamado “duodenario”, símbolo del Universo perceptible, del Cosmos mensurable, del tránsito a través de las constelaciones. Todo esto no es más que un intento de señalar como, la relación Hombre-Universo, ha sido abordada a través de la historia de la humanidad con inmenso interés desde la filósofía, religión y del mundo científico. Las Doctrinas naturalistas más antiguas de los atomistas griegos del siglo V antes de nuestra era, expuestas principalmente por Demócrito, llegaba a la conclusión de que el Universo se componía de lo  lleno y de lo vacío, de lo lleno, es decir de lo extenso, compuesto de lo simple extenso, a lo cual este filósofo presocrático daba el nombre de átomos y quien en contraposición a los filósofos de la época como Anaxágoras y Empédocles, tuvo la originalidad de señalar que el movimiento de los átomos provenía de ellos mismos y no de fuentes exteriores, llegando así a la conclusión de que en el Universo no había Dioses de ninguna clase. Esta visión antigua del atomismo como imagen del Universo, a lo largo de la Historia se convirtió en lo que hoy conocemos como el cientismo moderno, que se apoya en el trilogía del Método Científico y que en su forma naturalista moderna concluye fundamentalmente:

a)   Todo efecto corresponde una causa y viceversa y

b)       el mundo está regido rigurosamente por Leyes

De lo cual se deduce de que en el Universo no puede producirse el milagro, ni el hombre puede considerarse libre, puesto que en él reina el determinismo más absoluto.

A partir de las sugerencias de la astronomía y el avance de la técnica, pero en contra de las afirmaciones multiseculares de la Patrística  y de la Escolástica, se estableció en la relación del Hombre y el Universo que:

1º         La Tierra no es el centro del Universo: ya que un polvo cósmico  infinitesimal como nuestro planeta en la inmensidad monstruosa del espacio sideral no puede ser el centro del Universo.

2º         El hombre no es una criatura de excepción: porque la vida tal como la conocemos no puede ser un fenómeno aislado, sino con toda probabilidad, es universal.

3º         El Universo no ha sido creado para felicidad del hombre: ya que difícilmente se concibe que en un Universo donde reinan implacables, en su casi totalidad, las temperaturas extremas del cero absoluto (273º bajo cero centígrados) y de millones de grados al interior de las estrellas halla sido creado para felicidad de nada ni de nadie.

Si pudiéramos resumir el pensamiento anterior acerca de la imagen del hombre y el Universo a partir de la máxima de Demócritos “Nada proviene de Nada y Nada se convierte en Nada”, diríamos que el Universo es eterno y que no ha tenido comienzo ni tendrá fin, el hombre no es libre, no existe la providencia en el Universo y todo lo que rodea e incluye al hombre y su comportamiento se puede explicar por ciertos postulados de materia o de energía.

Sin embargo, las doctrinas anteriores no aportan nada concreto acerca de los misterios de las cosas. Lo que las doctrinas de carácter espiritualistas, de origen dogmático, que aún reconociendo en la ciencia a la única disciplina intelectual que puede darnos respuestas del mundo material en que nos encontramos, nada dicen acerca de los fenómenos integrantes y determinantes del Universo: el Movimiento, la vida y la conciencia. Se presenta entonces un dualismo supremo del Universo y de una Providencia Divina que nos permite comprender:

1º         El orden y la belleza apreciables en el Universo

2º         La aparición de la vida

3º         La finalidad asombrosa de los instintos y de los órganos en las especies vivas.

Dicho dualismo explica que el Universo haya tenido una causa de tipo: inteligente, ya que éste se encuentra montado a modo de un reloj perfecto. Buena y justa, ya que la bondad y la justicia suelen a menudo aflorar en el pensamiento, sentimiento y la acción del hombre, y sería a la luz de estas doctrinas que se explicarían todos los demás dualismos de la naturaleza: cuerpo-alma; cualidad-cantidad. Sin embargo ¿Por qué existe algo en vez de Nada?

La visión del Hombre y su Universo al respecto, toma entonces un trasfondo de carácter también dogmático pero idealista, que parten del principio de que la materia no existe como manifestación última de la realidad. El primer filósofo occidental, para quien las ideas eran las únicas realidades eternas e inmutables, fue Platón,  “la realidad son las ideas” sostenía. En la filosofía Moderna sería el francés R. Descartes quien formularía su famoso “Cogito ergo sum” (yo pienso luego existo) y para quien el pensar era ya un antecedente del ser, de la existencia. El Realismo Cartesiano se atenúa pero queda presente en la filosofía de Leibniz, para quien la sustancia extensa de las cosas en el sentido Cartesiano, no existe, pero existen sustancias inmateriales en número infinito y netamente distintas las unas de las otras, las que denomina “mónadas”. Así, en el hombre, la “mónada” dominante sería el alma o mejor dicho, el espíritu y en el Universo, la mónada dominante sería Dios, quien para el autor es la “mónada” de las “mónadas”, creadora de todas las “mónadas” existentes. Así también Schopenhauer, conserva un idealismo substancialista donde el Universo no es sino apariencia, fenómeno a través de cuyo prisma Kantiano del espacio y del tiempo pero al margen su apariencia, existe una realidad: la voluntad. Más no la voluntad individual, sino una “voluntad  universal”, esa que no ha tenido comienzo ni tendrá fin, que no evoluciona y es soberanamente libre y que en definitiva el hombre puede conocer sólo por conocimiento interior.

Con Kant, en su obra cúlmine “Crítica de la Razón Pura”, las doctrinas idealistas alcanzan su desarrollo lógico. Nos dice que el hombre no encuentra en su  mundo sino lo que él aporta, y éste además no podría pensar sino en función de determinadas categorías de su entendimiento, de tal manera que para el hombre, el Universo no sería otra cosa que apariencia y desprovisto de toda realidad de orden metafísico. Por otra parte, en el desarrollo secuencial del pensamiento las doctrinas que nos permiten entender el enfoque de nuestra existencia interior y exterior, encuentran su plenitud con Hegel, quien ante la clásica pregunta de ¿Qué es lo que existe?, nos dirá que lo que existe es el Espíritu y únicamente él. El espíritu en evolución perenne, sin tregua, conforme al proceso dialéctico de la tesis, de la antítesis y de la síntesis.

Sin embargo en materias de orden metafísico y ante la pregunta ¿Por qué existe algo en vez de nada?, surge una actitud contraria a la dogmática, que asegura que los problemas inherentes al misterio de las cosas no pueden, ni podrán nunca solucionarse, porque los medios de información y de prueba de que el hombre dispone para tal fin como los sentidos, la razón, la intuición en general, la contemplación amorosa de la divinidad y la relación mística con ella, no alcanzan a estar en relación con el contenido de esos problemas. Con esta actitud está claro que una ciencia de lo Absoluto no existe, y la verdad es imposible. Es ahí donde las Doctrinas Escépticas, el Relativismo Kantiano y el Positivismo dibujan imágenes del Hombre y su entorno, que sin duda serían motivos de muchas planchas desarrollar en profundidad.

CONCLUSIONES

La relación del Hombre y el Universo  ha pasado a lo largo de la humanidad por visiones complejas y se ha ido nutriendo de las más diversas corrientes de pensamiento, siguiendo eso sí, vertientes filosóficas claras y definidas que han creado mixturas de visiones a lo largo de las épocas. Desde una interpretación del Universo determinada por un orden armonioso de todas las cosas (cosmos) donde existía un orden numérico alcanzando a partir de esa armonía, desarrollos matemáticos y teoremas triviales hoy para el mundo que nos rodea, hasta las concepciones curvas de espacio y tiempo que desembocan en un Universo que ha dejado de ser lineal para convertirse en uno de formas curvas, convexas, y superposición de planos materiales y energéticos. Sin duda tanto las ciencias, los dogmas, los agnósticos y la enorme cantidad de vetas de pensamiento seguirán en la búsqueda incesante -desde su propia perspectiva- que le permita explicar las grandes interrogantes de la interacción del hombre y su ser interno y externo, con el medio que lo rodea más allá de lo conocido desde el comienzo hasta el fin de los tiempos, o hasta el inicio de lo que parece ser un proceso o quizás un ciclo nada más. Ha nuestra orden y a nosotros como hermanos Masones nos queda el trabajar en pos de una mejor relación con el Universo material y espiritual, y encausar nuestras dualidades ancestrales.

Nuestro entorno nos grita la urgencia de trabajar en dicho sentido y en ese afán de entender el mundo y el Universo, no abandonar el entendimiento primero y esencial de nosotros mismos, encontrando en algún momento nuestro auténtico rol y camino como Hombres libres, y nos permita enfrentar entonces nuestros grandes desafíos Masónicos Universales.

 J.·. M.·. S.·. Z.·.

A.·.M.·.